COMPARACIONES: “EN CHILE NO MÁS PASAN ESTAS COSAS”.

La gran mayoría de los chilenos somos extremadamente críticos e inconformistas con nuestro país, su cultura, sus costumbres y sus leyes. Es típico escuchar comentarios de compatriotas insatisfechos que repiten una y otra vez: “típico del chileno, aquí no más pasan estas cosas”, “por eso estamos donde estamos como país”, “en otros países la cosa es mejor que acá”, “como país estamos más atrasados que la cresta en este tema”, “el chileno nunca va a cambiar”, etc.

El inconformismo es porque nuestro sentido común nos dice que Chile debería estar en mejores condiciones “para todos”; acaso ¿no éramos los mejores del vecindario?, ¿los más aplicados e inteligentes?, ¿a los que todos envidiaban y querían replicar su crecimiento?, imagen de nosotros mismos que se contrapone con una realidad interna, en la que prima la desigualdad y el poder desmesurado económico y político, que sin duda es la “herencia de país”, de los hoy llamados “demócratas”, que han mantenido hasta el día de hoy los negocios “truchos” de la dictadura del General Pinochet.

En muchos casos el chileno tiende a compararse con paises que no tienen nada que ver con nuestra realidad, pienso en Europa, en nuestro ideal de tener algún día salud, educación y transporte público gratuito y de calidad. Ese es el sueño al que el chileno común aspira, aún cuanto tenga un costo más alto en impuestos, pero que al fin de cuentas se transforme en una inversión que nos beneficie y nos procure una mejor calidad de vida.

Por lo general los chilenos queremos y cuidamos a nuestro país, nos ayudamos cuando hay desastres o apoyamos a los más desvalidos.  Nuestra sociedad es bien intencionada y quiere algo mejor para el futuro y está dispuesta a un cambio que nos beneficie a todos, sin mermar nuestra individualidad y capacidad para surgir independientemente unos de otros.

Quizás nuestro inconformismo este llegando a sus límites ante tanta corrupción, sinvergüenzura y utilización como propio lo que es de todos los chilenos. Quizás en algún punto ya no sea aceptable los índices de desigualdad y postergación a los que gran cantidad de la población está sometida.

Quizás con esta crisis estamos llegando al fin de una época de necesidad y con la caída de los viejos “malos hábitos”, de la política y el sector empresarial, alcancemos por fin el tan deseado bienestar para todos los chilenos.

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