DONANLD TRUMP: EL ROSTRO DEL MAL NEORACISTA ESTADOUNIDENSE

Cuando creíamos que Los Estados Unidos de Norteamérica habían aprendido de sus errores históricos, con sus propias minorías indígenas, de color y sexuales, aparece una nueva corriente de “psicópatas políticos sociales” que se encargan de encender nuevamente la gastada y manoseada antorcha del racismo para beneficio personal.

Para rostros internacionales del racismo como Donald Trump, hablar mal y destempladamente de cualquier país, vecino o no, es parte de un derecho adquirido a través de su filosófica “libertad extremista económica”, la que en sus reglas distorsionadas de la realidad acepta “el sacrificio de uno para obtener el doble en ganancias”. Esa no solo es la visión de un empresario “chiflado” como Donald Trump sino que de la gran mayoría de empresarios inescrupulosos, para los que “el factor humano”, o “el cultural”, son considerados “atributos negativos”, los cuales deben ser rápidamente eliminados o borrados de la conciencia de las personas, para así no tener que transar ni acordar nada con ellos, ya que significa un gasto extra en tiempo y de recursos, que al fin de cuentas resulta en una disminución de las ganancias.

Por eso el país del norte tiene en promedio unos 260 mil crímenes al año, causados por racismo, xenofobia o ataques contra las minorías de toda índole, generando una inseguridad creciente en esa población, que está acostumbrada a vivir presa, armada y enclaustrada en sus propios hogares.

Como dijo Trump, “desapareció el sueño americano. Ya no existe”, porque el magnate de la discriminación sabe bien que su país está cada vez más presionado, estresado e inseguro, y sabe que su discurso lleno de odio, resentimiento y terror puede encauzar la explosión del sentir común norteamericano, en contra de grupos minoritarios como los mexicanos, los afroamericanos o sirios, echándole a ellos la culpa de todos sus males, con el único fin de transformarlos en “el sacrificio necesario” para obtener su ya acostumbrada doble ganancia.

Como diría Donald Trump: “así son las reglas del mercado: negocios son negocios, y no hay nada personal en eso”.

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