LOS TEMORES DE SER UN DONANTE DE ORGANOS

Mucho se ha hablado del déficit de donantes de órganos en nuestro país, las listas de espera para ser trasplantados exceden por mucho la cantidad de órganos disponibles para satisfacer la necesidad de aquellos que lo requieren con urgencia.

La pregunta ante esta situación es simple: ¿Por qué existen tan pocos donantes en Chile?, y la respuesta que encontramos entre la población es bastante diversa y más compleja de lo que habitualmente se piensa. Existen variables como el nivel cultural, religión o creencias y mitos por ignorancia, entre otros, que inciden en que una persona sea o no donante, pero también hay un número importante de personas con desconfianza, que entienden la necesidad de que existan donantes, incluso para sí mismos, pero que no están seguros del sistema de donación de órganos.

La ley en este sentido es bien simple, en Chile desde los 18 años “todos somos donantes de órganos” y solo un documento notarial que especifique que no quieres ser donante, o la decisión de un familiar directo pueden evitar que tus órganos, en buen estado, sean donados.

Muchas de las personas que he consultado para saber si serían donantes de órganos me han respondido con un rotundo “no”, ya que, en su mayoría, tienen la idea fija de que “los médicos no van a hacer todo lo posible para salvarte, en caso de una urgencia extrema, si saben que eres donante”, incluso otros tantos agregaron que son muchos los casos en los que personas sanas han entrado a un hospital o un consultorio, por un dolor de estómago u otra afección simple, y por un mal diagnóstico médico, junto a la precariedad del sistema público, han fallecido.

Lo más impactante fue darme cuenta que personas de nivel medio y alto, muchos cotizantes de isapres, incluso Fonasa, sienten terror al pensar que alguna vez los puedan llevar a un hospital público, incluso por un accidente o de manera circunstancial. Para ellos ser donante y sólo tener acceso a la salud pública es una combinación mortal, ya que no sería lo mismo un diagnóstico hecho por un médico en una clínica que uno de hospital. Aquí aparecen nuevamente los temores de las personas a ser donante ya que en caso de que te enfermes de gravedad o tengas un accidente quedas a merced no solo de tu condición de salud y económica, sino que de una serie de circunstancias “fuera de tus manos” en la que si eres donante estarías en desventaja.

¿Entonces el problema de la falta de donantes es la desconfianza en los médicos?, muchos de mis encuestados me respondieron que este tema tiene que ver con la calidad de los médicos, si son del área pública o privada o de ambas, si los conoces o no, del nivel de compromiso y capacidad profesional que tengan, de su experiencia y la calidad de servicio que brindan, ya que no todos los médicos son iguales, ni todos tienen la misma formación, y donde unos diagnostican un problema desconocido o intratable, siempre hay una segunda opinión especializada que encuentra el problema y es capaz de tratarlo.

La ley salva esta situación apoyándose en que el diagnóstico de muerte encefálica debe ser corroborado por una junta médica que debe estar compuesta por especialistas, siempre y cuando no sean los mismos que van a realizar el trasplante, lo que puede resultar efectivo en el caso de una clínica donde hay muchos especialistas de un área determinada para lograr una mejor evaluación, mientras que en un hospital público, donde con suerte hay un especialista por cada área, la decisión queda en manos de un solo profesional que va a apoyar su decisión con aprobación de otros médicos competentes, pero no especialistas, para decretar la muerte de una persona.

Quise ir más lejos y fui a preguntar primero a un consultorio a algunas enfermeras y médicos de turno si eran donantes de órganos, para mi sorpresa no encontré ninguno que me respondiera afirmativamente, incluso algunos, habiéndoles explicado que soy periodista, se asustaron y creyeron que los estaba fiscalizando. Pensando en contrarrestar un poco las opiniones que aparecen en este artículo me acerque a una clínica para preguntar, a modo de encuesta, si había funcionarios de la salud donantes de órganos y de las siete personas que me respondieron solo un auxiliar paramédico me mostró su carnet de donante.

Fue en este punto donde me empecé a preguntar: ¿Por qué gente que trabaja en la salud, incluso médicos que saben el drama de las listas de espera para trasplantes, no son donantes?, ¿Qué les impide donar sus órganos?

Creo humildemente que el ejemplo debe empezar por quienes intervienen en este tipo de casos ya sean médicos, asistentes paramédicos, enfermeras, u otros relacionados. Igualmente creo que aquellos que promueven la donación de órganos ya sean, servicios de salud, clínicas y hospitales, deberían tener listas de donantes “éticos”, que incluyan a los equipos que trabajan en estas instituciones de salud.  Esa sería la mejor campaña publicitaria para acercar a esa gran cantidad de personas dispuestas a donar pero que desconfían de un sistema que, a todas luces, ha sido poco claro y efectivo.

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