“Rock fuerte en el puticlub, cambió la suerte en el puticlub”… que buena canción de los redondos. Mientras la tarareo no puedo evitar la asociación con la “mala cueva”  que estamos pasando en mi Chile querido.

Pareciera que estamos meados de gato y claro, caer en desgracia por los variopintos desastres naturales a los que estamos más que acostumbrados,  no deja de ser un pelo de la cola en comparación con el “impacto profundo” que es saberse viviendo entre ratas…y sí, ratas de cola larga, de esas que tocan y contaminan. Tóxicas y ladronas hasta decir basta.

En este caldillo de pescado podrido, están apareciendo los ratones viejos, hediondos y vomitivos, otros los llamamos “corruptos”…y claro, son de esos que han formado lazos con otros de la misma especie y hasta  han construido sus propios nidos de ratas, dirigidos por palos blancos que ponen la cara públicamente, mientras tanto, los poderosos roedores se tiran las bolas, se rascan el ombligo y mueven los hilos de los títeres que somos “el resto”. Así  nos venden la pomada. Estos líderes son ratas de campo, se las saben por libro. Parecen inofensivos y hasta da lástima erradicarlos, más de alguna vez les hemos creído hasta el chillido y los dejamos otra vez (cada cuatro años) en sus cargos. Nos juega en contra la memoria y que por estos tiempos es tan débil que pareciera servir únicamente para no olvidar bajar la nueva aplicación de emoticones en el teléfono. Si ya ni siquiera nos miramos para conversar y  tomarse un café con alguien sin que mire al menos una vez sus mensajes de texto o responda una llamada, es parte del Chile de ayer. En fin…el tema es que estamos salados, hasta los publicitados carros del metro se hicieron pebre antes de desembarcarlos y claro, no importa mucho, al fin y al cabo las ratas no viajan en metro, solo el pueblo…

Hablando de ratas y de caldos podridos, en el top de la semana, está ese que dejó libres a bodrios sociales para que sigan con los portonazos, delitos sexuales, robos con y sin intimidación, tráfico de drogas y todos esos conceptos que enrolan sencillamente a los “delincuentes”. Tema para el próximo kaldo e kaeza.

En youtube escucho  “Preso en la ciudad, atrapado en la libertad”…insisto, estas letras de los redondos le dan en el clavo a la realidad de mi pueblo. Pobre de mi país tan magullado, humillado y abusado.

Vamos a ser positivos, dicen que es el espíritu chilensis y siempre hay que intentarlo para sobrevivir. Viendo el vaso más lleno que vacío, este tiempo sin un liderazgo asertivo ni ético, de “caída de teja” de la verdadera cara de la “suciedad” chilena, también puede ser una oportunidad, cuál?…la de abrir los ojos,  la de salir de la abulia psicosocial y de ese arraigado complejo de manada sumisa que no aporta y acepta todo. Porque digámoslo con todas sus letras, el chileno de a pie reclama entre sus pares aunque claro, lo justo y necesario para no molestar a nadie, porqué?… temor a que no guste la opinión y por el castigo social que nos inculcan desde niños. Nada más común en nuestro país que la vuelta de chaqueta, si en Chile está arraigada como la empanada de pino y el pastel de choclo como parte de la “idiotaincracia” de algunos. Mientras más hipócrita y silencioso, mejor. En pleno siglo XXI hay demasiada gente sin opinión y con mucho  “temor a expresarse, a decir” , incluso en temas tan cotidianos como la contaminación ambiental, para que decir cuando se trata de hablar de homosexualidad, aborto, maltrato y femicidios, acoso sexual, salarios laborales igualitarios, corrupción, las amantes varias y doble discurso moral de nuestra “elite” chilensis…etc etc etc. Si no es en modalidad chiste o en un stand up comedy en Chile cuesta decir las cosas por su nombre. Como dice mi  jefe, mientras sea pa’ callado…

Dicen que los años terminado en 16 son años telúricos, de poner las cartas sobre la mesa…parece que sí… mejor voy a prepararme un café, para seguir escuchando a los redondos y de paso, seguir buscando infructuosamente un antídoto para erradicar la marea roja en las conchas y picorocos de mi pueblo. Excusas, excusas y más excusas, tikitikiti.

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