EL DERECHO A SER PAJARÓN/NA

En Chile, quién no ha sido víctima alguna vez de robo u otro delito?… Quién no se ha quitado los aros, los anillos y  agarró con fuerza la cartera, el maletín o la mochila “porsiaca”?…quién no ha evitado responder el teléfono al acercarse a las estaciones de metro, subiendo al bus o cuando vamos caminando entre la multitud por temor a un asalto?…es más, quién no ha guardado alguna vez, las tarjetas de débito, crédito, dinero y tonteritas varias, entre las pechugas, en el bolsillo oculto del pantalón y/o dentro de los zapatos antes de salir de casa?… medidas de precaución, prevención y “avispamiento” necesarios para intentar salir ileso del salvaje día a día en la calle. Recuerdo un par de veces en que fui víctima de asalto. Caminaba, acompañada de una prima por un barrio bien pirulo de las Condes. Muy cerca había un guardia que se paseaba de acá para allá.  Nos sentíamos protegidas. Muy cerca de allí, un grupo de jóvenes nos miraban y sentados en el pasto de la plaza nos lanzaron un piropo. De regreso y con un par de bolsas con cosas del supermercado, divisé al mismo grupo de jóvenes. En un dos por tres, los teníamos apuntándonos con cuchillos en  la espalda y el cuello. Nos gritaban que querían las billeteras. Asustada, miré al guardia y vi como se escondía en la caseta y allí se quedó. Mientras tanto, un niño de unos 7 años que iba en su bicicleta, dejó de pedalear y se quedó quieto observándonos con la cara llena terror. Nos quitaron el dinero, las bolsas y cadenas que arrancaron violentamente de nuestros cuellos. Así como llegaron, desaparecieron.

Con los años y en mi labor profesional, trabajé un tiempo con variopintos delincuentes en estos centros que antiguamente se llamaban cárceles. Ellos, todos “inocentes” claro, decían haber sido detenidos “injustamente por gente mala que los había llevado tras las rejas” después de hacer “nada”. Pobrecitos cierto?… En el trascurso de los días, estos “encantadores y bonachones” muchachos así mismo autoproclamados “inocentes” me relataban lo mucho que habían sufrido en la vida y el maltrato del cual eran víctimas por parte de las personas en la calle, policías y jueces…(sí, señor lector, pienso igual que usted). Un día, se acercó uno de ellos con una “choca” de té. Luego agregó, “no le haga caso de los maullidos”…¿cuáles? pregunté, pronto escucharía los gritos desesperados de un gato. Los internos lo estaban torturando. Lo están haciendo para asustarlas, dijo el “perkins”. Mi colega, que estaba unos metros más allá aplicando un test a otro sujeto me miró  y no hubo necesidad de decir más. El desconcierto y la impotencia nos arrancó  más de una lágrima ya de regreso en el bus que nos traía de vuelta a Santiago. El gato gritó hasta que hubo silencio. Se escucharon aplausos y risas. Dimos aviso a los gendarmes y la respuesta fue, “si quieren pueden salir, así es la cárcel”.

Hubo silencio por mucho rato y continuamos trabajando. El sujeto que me había llevado el té dijo luego y con templanza “sabe porqué robamos y matamos”?…yo le había preguntado días antes y sólo había sonreído. Entonces dijo “pórque la gente es pajarona y nos tiene miedo. Nosotros hacemos nuestro trabajo”.

Me contó  de varias situaciones dónde había atacado a distintas personas y cada vez repetía lo mismo: “la gente es muy pajarona”. De paso, dijo que robar era su trabajo y que su familia e hijos pequeños incluidos, ya habían sido “entrenados” para trabajar en el rubro. Fue enfático y musitó que no dejaría de cometer delitos, esa era su vida y le gustaba.

En los programas de TV no deja de sorprenderme esa suerte de “Oda” a la delincuencia. He visto programas en los que se les trata como “víctimas del sistema” y en otros, una especie de habilidosos escapistas que logran burlar a los policías. Los lanzas y los portonazos, parecieran ser cada día más, parte del repertorio social. En Chile, los delincuentes tienen derecho a defensa legal gratuita, es la víctima quién debe incurrir en gastos además de todos los trámites y procesos poco amables y muchas veces traumáticos para lograr “justicia”. Es aquí donde los delincuentes tiene los mismos derechos que el ciudadano que cumple con las normas y que trabaja hasta sacarse la cresta por un sueldo miserable. Los delincuentes no pagan su comida, somos el pueblo quienes los mantenemos con nuestros impuestos.  Qué gran sin sentido, no le parece?. Pues yo me pregunto, dónde queda mi derecho a caminar en paz por las calles, dónde queda el respeto por el ciudadano honesto?…dónde?…

Mis derechos humanos y los de toda la sociedad se están viendo mermados y hasta mi bolsillo, cuando tengo que incurrir en gastos como rejas  y protecciones, alarmas  en mi casa y auto, etc etc etc. Gran negocio la delincuencia?…gran negocio. Nos mantienen aterrorizados y además nos cobran por ello. Me acordé de Foucault y su escrito “el poder, una bestia magnífica. Sobre el poder, la prisión y la vida. Una lectura imperdible pero sigamos, escucho a las autoridades llamando a los delincuentes “víctimas del sistema”…dónde ellos son pobres hombres y mujeres con historias de carencias y dramas varios, dicen… historias que debemos entender como la justificación de provocar dolor y daño a otro ser humano, así, sin más. Aparece entonces esa palabra mágica que pareciera cerrar de la boca de todo quien quiera opinar del tema: “rehabilitación”…pues bien, en un país tercermundista atrapado entre el mar y la cordillera, con estrechez psico-socio-cultural, un país chaquetero, de hipócritas y corruptos, un país que parece expiar sus culpas depositando una vez cada dos años en una cuenta con show (todos unidos por la causa) pero que al otro día maltrata al ciudadano en silla de ruedas, no cede el asiento a la mujer embarazada o al señor/a de la tercera edad, en estas condiciones, NO es posible la rehabilitación eficiente y eficaz para toda la población penal existente. NO LO ES. Primero tiene que haber un cambio radical, educacional y social profundo.

Anoche asaltaron cerca de mi casa a una vecina. Gritó hasta que afortunadamente salió la gente de sus casas y los delincuentes arrancaron como los cobardes que son. La señora pasó un tremendo susto, le robaron su cartera con el sueldo completo. Le dejaron las manos y brazos con moretones. Carabineros la acompañó a constatar lesiones (tampoco pueden hacer mucho más) y ya sabemos el final de la historia. Todo sigue igual, los delincuentes comprarán algo con el dinero de la señora y se jactarán de lo bien que les fue en el día y así, seguiremos escuchando en las noticias acerca de los portonazos y asesinatos, del tráfico de drogas y corrupción a todo nivel. Todo, en la impunidad.

Estamos mal…muy mal, como país y como sociedad, en estos momentos definitivamente Chile apesta y pareciera ser que el “perkins” en la cárcel tenía razón…”pajarón que se duerme”…

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