TRADICIONES ANTIGÉNICAS: AGUA DE CALZÓN O DE POTO.

Dice la tradición que una mujer enamorada que quiere mantener la fidelidad y el amor de su compañero de vida, debe usar lo que más pueda un calzón y cuando este bien sucio debe tomar una hoya de cocina y enjuagar la ropa interior solo con agua tibia o caliente, sacando toda la suciedad, transformando estas lavazas en una sopa comestible a la que se le pueden agregar verduras y otras especias para hacer más agradable su sabor.

El final del cuento es que esta “sopita de calzón o de poto” debe ser directamente servida por la interesada a su enamorado, él que en el lapso de una semana no solo tendría que quedar “empotado” con la mujer, sino que también va a ganarse, en nombre del amor, una indigestión de los mil demonios.

Convengamos que a primera vista este acto asqueroso puede resultarle hasta tierno a una mujer que busca el amor fiel de su pareja, pero de ahí a darle a “tú amorcito” agua de tu trasero puede resultar hasta criminal entendiendo la cantidad inmensa de bacterias que contiene el estiércol humano. Me pregunto por qué este acto asqueroso tiene tantos adeptos en nuestro país y se ha trasformado en una tradición que siguen miles de chilenas en pleno siglo XXI. Será que nuestros valores culturales se han deteriorado a tal nivel que ahora atribuimos milagros de amor y fidelidad a un caldo de poto.

Si creen que este artículo es broma se equivocan, ya que para hacerlo se me revelaron varios casos reales y es muy probable que algunos de los lectores que se han reído con estas líneas, sin saberlo, hayan tomado alguna vez una sopita de sabor amargo, bien condimentada y calentita, hecha con todo el amor de su pareja. Si tienen dudas es cuestión de preguntar con mucho cariño, y sin enojarse con la respuesta que les puedan dar.

 

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