EL PERIODISMO “FARSANTE Y CORNETERO” QUE SE IMPUSO EN LA TV CHILENA.

En Chile últimamente hemos visto como un grupo de comunicadores y periodistas de tv, pasando todos los límites de la profesión,  se han transformado en los relacionadores públicos de sus respectivos medios, protegiendo desvergonzadamente sus intereses, oponiéndose con argumentos sin ninguna sensibilidad a las demandas lícitas expuestas “por la mayoría de los chilenos”, tratando de convencer y forzar a los televidentes para que se alineen con la opinión de políticos y empresarios, a todas luces  “corruptos”, evitando como sea temas de interés ciudadano como: la estafa de las AFP, la educación gratuita como un derecho humano, el abuso estatal con el pueblo mapuche, la indignidad en salud pública, etc.

Algunos periodista como Matías del Río, Consuelo Saavedra o Catalina Edwards, entre otros,  ya no sólo cumplen el rol de informar y comentar, sino que también se desempeñan como relacionadores públicos que “venden su imagen profesional” para servir como interlocutores y portavoces de los intereses de sus respectivos medios y sus clientes, contestando públicamente respuestas confeccionadas “tras bambalinas” por la elite económica y política, que una y otra vez esquivan y dan la espalda a las necesidades ciudadanas reales, imponiendo su opinión represiva a través de artificiosos y arreglados “debates tongo”, donde se generan preguntas dirigidas a desprestigiar o poner en duda la inteligencia y el sentido común de los ciudadanos, limitando y censurando a aquellos “opositores a sus negocios” o intereses económicos o políticos.

Hoy estos profesionales de las comunicaciones empresariales abundan y muchos de ellos se destacan por su capacidad de generar programas informativos, donde es evidente la manipulación de contenidos y la preparación tendenciosa de pseudo “especialistas y comentaristas galleta”, muchos pagados por políticos y empresarios, que tienen por misión desvirtuar y deslegitimar a entrevistados “clave” que representan las necesidades de la mayoría de los chilenos.

Sin duda estamos viviendo un momento de “crisis ética” en el periodismo chileno, y hoy un empresario puede comprar la opinión de cualquier periodista que quiera “mantener su peguita” o su cuenta corriente bien llena,  haciendo carrera como relacionadores públicos, “desinformando” o simplemente omitiendo ciertos temas que pueden resultar poco rentables para empresarios o políticos, fomentando cada vez más la desigualdad y la molestia social.

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