CARLOS PEÑA: ¿UN NUEVO RAFAEL GARAY?

Las comparaciones siempre son polémicas, pero cuando estas las hacen personajes o “palos blancos” como Carlos Peña, impuesto como intelectual a la fuerza por el maestro de la difamación comunicacional Agustín Edwards (dueño del Mercurio), una simple opinión se puede transformar rápidamente en una herramienta política efectiva y letal para atacar y dañar a cualquier adversario.

¿Cuánto dinero cuesta la opinión de un pseudo especialista?, ¿Puede ser que un profesional competente se convierta en un mercenario de las comunicaciones?

Se me viene inmediatamente la imagen del pseudo “economista” Rafael Garay, hoy perseguido internacionalmente por estafa, que era un sujeto con pinta de ejecutivo intelectual, con influencias en los medios de comunicación y universidades, con pergaminos y antecedentes impecables, que vendía su imagen como un tipo correcto, incluso se llegó a postular como senador, ya que tenía gran credibilidad y arrastre entre la gente. Imagen que utilizó finalmente para engañar descaradamente y luego arrancar del país con el abultado fruto de su manipulación mediática.

Desgraciadamente en comunicaciones se ven caras, lucas y nunca corazones y ese es el caso del abogado Carlos Peña con el que se prueba el famoso dicho: “Por plata baila el monito”, quien desde una tribuna de opinión pagada por el politizado y derechista Mercurio dirige una serie de discursos políticos, alineados con la  clase empresarial y difamatorios en contra de políticos como Alejandro Guillier, que disfraza con consideraciones teóricas de todo tipo, pauteadas en la mesa de su dueño y controlador Agustín Edwards.

Rafael Garay y Carlos Peña tienen varias similitudes, ambos son ambiciosos, inteligentes y quieren poder a través de “encantar a sus víctimas” con ideas superficiales de la elite nacional sacadas de medios como el “Economist”, pero lo que más llama la atención es su capacidad de usar sus conocimientos e imagen pública para crear discursos parciales e interesados que buscan “persuadir, manipular, confundir y engañar” a sus víctimas, y ponerlos a disposición de quien pueda pagar y tenga la intención de manipular, aprovecharse y hacer daño con ellos.

 

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