MÉDICOS Y LABORATORIOS FARMACÉUTICOS: EL NEGOCIO DE ENGAÑAR A LOS ENFERMOS

Cuando un médico receta para las ulceras gástricas un medicamento como el LOSEC de 20 mg que en las farmacias cuesta $34.790, sabiendo que el principio activo es Omeprazol y que su equivalente genérico en realidad cuesta $990, lo más seguro es que estemos en presencia de un profesional inescrupuloso que está aprovechando una enfermedad para hacer un rentable negocio personal.

¿Pero cómo se puede hacer algo así, y que gana un médico?  dirá usted, sorprendido ante una acción tan poco ética y mal intencionada, que trata a un enfermo como un consumidor cualquiera. La respuesta es simple, si usted ha visto alguna vez en clínicas u hospitales a hombres y mujeres bien vestidos (casi siempre de traje oscuro), saludando a enfermeras y secretarias como “pedro por su casa”, con un maletín lleno de remedios, entonces usted ya conoce a los visitadores médicos.

Lo malo que tienen estos “promotores de marcas de remedios” es que en sus maletines no sólo taren muestras de remedios de sus respectivos laboratorios, sino que traen una serie de “incentivos extra”, dirigidos a médicos ambiciosos, carentes de ética y poco comprometidos con el tema social, que van desde invitaciones pagadas para realizar congresos y seminarios en nuestro país, hasta suculentos cursos de especialización en el extranjero con todos los gastos pagados.

Pero como dicen por ahí nada es gratis y aquellos médicos que quieran ganarse estos “premios de incentivo” tienen que estar dispuestos a poner en sus recetas los nombres de remedios “caros” pertenecientes a estos laboratorios, inventándoles supuestos beneficios que en realidad no tienen, pasándose por el “trasero” la bioequivalencia (que no les hace ganar nada) y con ello engañando descaradamente a sus pacientes que se convierten en los consumidores directos y obligados de los laboratorios farmacéuticos que promocionan.

En la actualidad no existe ninguna normativa para frenar este tipo de “coimeos” descarados entre médicos y laboratorios, que sólo perjudican a los pacientes y van en contra de los derechos del consumidor, entendiendo lo aberrante que resultan aplicadas a un área tan importante y sensible como lo es la salud pública.

El colegio Médico de Chile calla sobre un tema del que siempre ha sido cómplice, mientras instituciones como el Ministerio de Salud y el Sernac sacan a la luz la desigualdad de precios para un mismo remedio y hacen campañas para que la gente conozca los diferentes bioequivalentes genéricos, mientras “en conjunto” son incapaces de fiscalizar a miles de médicos que reciben coimas en forma de “incentivos”, para poner el nombre de un remedio de laboratorio caro en sus recetas diarias.

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