ANDRÓNICO LUKSIC: 350 MILLONES DE DÓLARES A LA BASURA

La salida de Andrónico Luksic del proyecto hidroeléctrico Alto Maipo, según explicaron sus cercanos “debido a un sobrecosto de 20%, cambios de las tarifas de energía, roces con Gener y el rol minoritario del grupo en el plan, el Grupo Luksic” tiene más alcances de lo que el mismo “magnate” quiere admitir públicamente.

Luksic sabe que nuestro país ha sufrido un profundo cambio de identidad tras la seguidilla de casos de corrupción política y empresarial en el que han quedado expuestos los “malos hábitos” de quienes los representan, situación que hoy lo mantiene en el “ojo de huracán” mediático que observa muy de cerca los movimientos de sus inversiones, aunado al creciente cuestionamiento público por su vinculación con políticos de la Nueva Mayoría y la misma presidenta Michelle Bachelet y su familia, que hoy lo tienen como “el niño símbolo de la corrupción empresarial”.

Luksic sabe que el sobrecosto que oscilaría entre los US$ 200 y US$400 millones (según las proyecciones más austeras) es porque los estudios técnicos en los que se basó la inversión inicialmente “estaban incompletos y eran inexactos”, ya que el único propósito que tenían los inversionistas inicialmente era de justificar “políticamente” la viabilidad del proyecto hidroeléctrico y su posterior aprobación “a como diera lugar”.

Para los más ingenuos las pérdidas millonarias de Luksic en este negocio se deben a su falta de conocimiento con respecto al negocio eléctrico, pero los que entienden sobre el manejo de “negocios riesgosos”, entienden inmediatamente que la hidroeléctrica, apoyada por la “debilitada, cuestionada y coimera” Nueva Mayoría, tiene un altísimo costo de inversión y un lento espacio de tiempo para recuperarse y obtener ganancias, sin contar que para llevarse a cado existen una serie de problemas técnicos y de recursos logísticos y humanos que sin duda alguna va a duplicar el sobrecosto proyectado.

Luksic deberá aprender que los ciudadanos y las organizaciones sociales ostentan un poder mayor al que se les daba en tiempos pasados y que hoy sus costos de imagen a nivel personal y empresarial se incrementan doblemente a cada movimiento “turbio” o negocio “trucho” en el que se ve envuelto. Finalmente, Andrónico Luksic deberá meterse en la cabeza que ser “poderoso” no lo exime de ser un chileno más, como cualquier otro, que está obligado a respetar a su territorio y los intereses de Chile y sus ciudadanos.

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