UN HUMORISTA CHILENO ES CAPAZ DE RETRATAR MÁS VERDADES SOCIALES Y POLÍTICAS EN UNA HORA DE RUTINA QUE 100 PERIODISTAS VENDIDOS EN UN AÑO

Da gusto ver la evolución del humorismo nacional con figuras nuevas como Juan Pablo López, Chiqui Aguayo, Natalia Valdebenito, Edo Caroe, León Murillo, Jorge Alis,  entre otros, que se atreven a criticar la realidad política económica, social y sexual revelando el doble estándar de un país que se había mal acostumbrado, a través de los medios abiertos de comunicación, a un tono gentil, pacato y poco crítico, impuesto por una elite política y empresarial, que obligaba a los chilenos  a reprimir sus ideas y realidades, censurando y aplicando castigos económicos a quienes se atreviesen a cruzar sus límites.

Llegada la democracia el periodismo chileno no ha sido capaz de transformarse en el agente critico que se conecte con la ciudadanía, entendiendo que los mismos auspiciadores que financian sus sueldos mensuales son los que controlan lo que se pueden decir o no en sus espacios informativos. Esta falta de independencia, carácter y valentía del periodista nacional, fue superada impensablemente por una serie de grandes humoristas nacionales como Yerko Puchento, Bombo Fica, Stefan Kramer, quienes rompieron el molde del humor superficial y evasivo que se vendía desde la dictadura sin ser cuestionado, ventilando con sus criticas frescas por primera vez un espacio que estaba viciado y que renació gracias a la inteligencia de estos creadores nacionales que fueron capaces de interpretar el malestar social.

Hoy un humorista chileno es capaz de retratar más verdades sociales políticas y económicas que 100 periodistas vendidos en un año y eso, aunque lo nieguen o lo censuren los medios de comunicación tradicionales en Chile es la “pura y santa verdad”. Los humoristas chilenos están tomando un rol cada vez más activo “para informar la realidad profunda que viven los chilenos” y el éxito que tienen en sus shows les dan inapelablemente la razón.

Chile está cambiando de la mano de nuestros humoristas, quienes están más comprometidos que nadie con las realidades que retratan, desafiando a los grupos de poder y los vicios de una sociedad sumergida en “quien tiene más plata en el bolsillo”, que olvida su integridad y cede sus derechos básicos.

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