¿QUÉ SABE BARROS QUE ES CAPAZ DE IMPONER SU PRESENCIA AL PAPA FRANCISCO?

Hasta Marta Larraechea, la esposa del ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle se dio cuenta de las falsas intenciones del Papa Francisco al pedir perdón por los abusos y violaciones cometidas por la Iglesia Católica al apreciar en la visita papal la presencia insistente del obispo de Osorno, Juan Barros, quien es acusado de haber encubierto las violaciones y abusos sexuales de Fernando Karadima. La ex Primera Dama en su cuenta de Twitter nos dejó clarita la aberrante situación que se estaba presentando ante nuestros ojos: “Barros participa de la ceremonia en Parque O’Higgins, qué vergüenza, de qué pide “disculpas” el Papa?”, Agregando: “no le creo nada, dice una cosa y hace otra”.

Pero no solo fue la molestia de Larraechea la que se hizo sentir en las redes sociales y los medios de comunicación ya que al interior de la misma iglesia se estaba viviendo una pelea a muerte entre una serie de obispos que apoyan los actos inmundos de su colega Juan Barros y un grupo de jesuitas liderados por Fernando Montes, que entendieron como un error del mismo Santo Padre que haya permitido el acceso a Barros a las actividades de su visita a Chile, ya que ellos apoyan a las familias de los violentados y abusados por Karadima, criticando y acusando la actitud pasiva, encubridora y cómplice del Obispo Barros en estos hechos.

Para los jesuitas, así como una parte importante de los fieles al Papa Francisco, esta era una oportunidad única para pedir un perdón real por los excesos y abusos cometidos por la iglesia católica en nuestro país y no como ha quedado expuesta a través de la actitud contradictoria y poco consecuente del Papa Francisco que se reunió con las víctimas de abusos sexuales cometidas a manos de sacerdotes y al mismo tiempo se le vio compartir y celebrar alegremente junto a su “obispo regalón” Juan Barros, el mayor encubridor y protector hasta  hoy de una red de sacerdotes violadores y pedófilos creada por el “santo patrono pedófilo Fernando Karadima”.

La pregunta lógica que nos hacemos al ver estas actitudes a todas luces contradictorias, temerosas y sin sentido es: ¿qué información maneja Juan Barros que es capaz de imponerle al mismísimo papa su presencia, aunque esta situación anti comunicacional le cueste credibilidad al santo padre?

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